viernes, 26 de septiembre de 2014

Ayer. Hoy. Mañana.

26/09/2014.      TANTO TIEMPO Y TAN RÁPIDO

Hola de nuevo por el Blog, no voy a repetir de nuevo (o parece que sí) que soy un desastre con piernas por no escribir desde hace.... ¡Uffffffff!
Pero bueno, aquí estoy.... 

Hoy no quiero hablar mucho de Tailandia, hoy quiero hablar de la gente que vive fuera de su país. De todos aquellos (y cada vez más, por suerte) que nos decidimos a emprender una aventura, ya sea por necesidad o por placer, fuera de "casa". 

Yo he vivido los dos puntos de vista. Cuando alguien se va y cuando soy yo la que me voy. 
Tengo que reconocer que la perspectiva es muy diferente.

CUANDO ERES TU EL QUE SE QUEDA:

Mi hermano, en 2003, cuando yo tenía 13 años, decidió irse a vivir fuera. Recuerdo que se fue a París, nada a 3 horas en avión... Pero para mi fue como si se hubiera ido al punto más lejano de la tierra. No recuerdo haber llorado tantísimo en mi vida. El trayecto de vuelta del aeropuerto, después de haberle dejado allí, me lo pasé llorando a moco tendido. Fue como si de repente, te quitan el alma, te la arrancan y tienes que seguir viviendo, con ello, toda tu vida. No podía dejar de pensar en cuando iba a volver a verle.
Mi familia y yo, tenemos una relación muy buena, nos queremos muchísimo y eso se nota. Se nota cuando uno crece con amor, con mimos y cuando NUNCA falta un beso en casa. Hasta la fecha, incluso siendo "mayores" no hay día que no nos demos, mínimo, dos besos. Llegar a casa, beso. Salir de casa, beso. Ir a la cama, beso. Levantarse, beso. 
Volviendo al tema principal, lo pasé FATAL... Cuando empecé a darme cuenta, de que realmente se había ido, me di cuenta que "Ya nada volverá a ser como antes (como dice el Canto del loco)". Y así fue, al cabo de dos meses, el pelo empezó a caerse, estaba baja de defensas, triste, de mal humor... El médico creía que tenía anorexia. Sin duda, fue una de las peores etapas de mi vida. La casa estaba gris, vacía, sin magia. Hubo una época que estaba incluso enfadad con él, por haberse ido, por no estar ahí.. Pero a medida que pasaba el tiempo, cada vez me hacía más a la situación y me acabé acostumbrando. Lo cierto, que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Y aunque no lo perdí por completo, lo perdí parcialmente. 
Después, él, decidió mudarse a China (ya no eran 3 horas en avión), eran más de 12 horas y en la otra punta del mundo y aunque ya estaba acostumbrada, no fue fácil...
Yo no entendía, España era "lo mejor" para mi.. Y creía que para él también, al fin y al cabo, tenía a su familia, amigos, casa, universidad, fiesta... No veía más allá de lo que mi metro cincuenta me dejaba.
Cuando fuimos a visitarlo, un año antes de las olimpiadas, todo cambió. La visión de aquello no me parecía tan mal. Pasé unas vacaciones geniales. Todos juntos de nuevo. Toda la familia. Volvieron los besos...


CUANDO ERES TU EL QUE SE VA:

12 Mayo de 2012, Aeropuerto del Prat:

Yo ya sabía lo que era una despedida, nada bueno para nadie, bueno sí, para el que se va. 
No quería hacérselo pasar mal a nadie, pero vino mi mejor amiga, su madre (que es como mi segunda madre pero sin tantos besos), mi jefe, su novia, otra de mis mejores amigas y mis padres. ¿Qué dices Laura? ¿Qué no quieres drama? ¡ Pues toma drama x 7! No puedo negar, que me gusta ser el centro de atención en ocasiones, como todos imagino, pero en aquel momento me sentí una de las peores personas del mundo. ¿Quien era yo para hacer llorar a toda esa gente que me quiere? Mis lágrimas se paralizaron, no era justo llorar. Yo había tomado esa decisión, yo quería irme, no podía llorar. Así que así fue, tragué, tragué y tragué. Saqué toda mi entereza y me prometí que no iba a derramar ni una lágrima, no delante de ellos. Y eso hice, me despedí uno a uno de todos: abrazos, besos, bonitas palabras... Me hicieron sentir bien, sabía que estaban tristes pero también se alegraban por mi. Confiaban en mi y me deseaban lo mejor.
Una vez pasé el control de equipaje, me derrumbé. Lloré y lloré hasta que salió mi vuelo.
Ya me iba, sin saber cuando era mi viaje de vuelta. En principio planee un año fuera, pero al final fue un viaje sin retorno. Aquí sigo, en Tailandia.


¡SORPRESA!

Con todo esto, quiero animar a todas aquellas personas que se van o tienen alguien que se va, que intenten siempre estar en la piel del contrario. Tenemos el concepto de que nuestra casa es aquel lugar donde nacemos, donde crecemos... Y nada más lejos de la realidad. Casa es  aquel sitio que te hace feliz, donde quieres estar o bien donde debes estar.

Hace algo más de un año, volví a España de vacaciones, todo era diferente. Recuerdo que nadie sabía que iba de vacaciones. Decidí darles una sorpresa a todos, y sin duda, fue uno de los momentos más INCREÍBLES de mi vida. 
Le dije a mi madre que ese día tenía que recibir un paquete muy importante y que por favor estuviera en casa. Abrí la puerta de casa por la mañana, a eso de las 11:00h. Me inundó el olor que me había acompañado durante toda mi vida. Olor a hogar. A navidades, comidas familiares, discusiones, a domingos vagos. A todas las experiencias que había vivido allí. Rápidamente inspeccioné la casa entera. Habitación por habitación, como cuando rebuscaba los regalos de navidad una vez sabía que los reyes no eran quien decían ser. Todo era nuevo, menos el olor.
No había nadie. Me senté en el sofá, con todas las maletas, encendí la tele y me quedé esperando a que viniera mi madre. Me sentí rarísima, no era aquella casa que solía ser, no era mi casa, no era lo mismo. Como no sabía si iba a llegar pronto, después de 20 minutos la llamé desde el fijo de casa al móvil. Ella no se dio cuenta que llamaba desde "casa". 
-Hola mami, ¿qué haces? ¿no estás en casa?
-¡Uy! Hola hija, no. Hoy tengo salida sindical, estoy en el centro.
-Pues ven a casa, por qué estoy aquí esperándote.
-¿Qué? ¿De verdad? Aiii hija, ahora mismo voy para allí.
El trabajo de mi mi madre, está a dos paradas de metro. Se me hizo eterno. Seguía sentada en el sofá, mirando la puerta y entonces se abrió, y ella corrió, corrió hacia mi. Solo la había visto correr así una vez, hace dos años, cuando murió mi abuelo. Esta vez, era diferente, pero era ella. Me dió el más grande de los abrazos, incluso más grande que cuando me fui y empezamos a darnos besos.
Mientras me envolvía en sus brazos pensé: "ha sido la mejor decisión de tu vida". Todavía quedaba darle la sorpresa a mi padre, mi querídisimo padre. Él es alguien muy especial, es una de las personas más dulces que he conocido en toda mi vida. Es bueno por fuera y por dentro, bueno de verdad. Tiene algo muy especial y cuando me fui a vivir fuera, me faltaba ese algo por todos lados.
Él llegaba a la una y cuarto, como todos los días. Mi madre me dijo que me escondiera en la habitación. Recogimos todas las maletas y demás y me fui a mi cuarto. Mi padre, se sentó en la mesa a comer y entonces entré. Se quedó de piedra, literalmente. Me miró como si fuera un fantasma, como si aquello no estuviera pasando y entonces me dijo:
-¿Estás bien?
- Sí sí, todo bien. Estoy aquí.
Y entonces lloró mucho, muchísimo. Me abrazó, me besó y entonces volví a tener la sensación de estar en casa.
Los padres tienen esa especie de coraza de "no llorar", yo solo lo había visto llorar así en dos ocasiones, cuando me fui y cuando se fue mi hermano.Volví a ratificar que había tomado la decisión correcta en no decirles nada.

Esto mismo hice con mis amigas y también con mi abuela. Mi yayi. Sentada en el sofá, miró a la izquierda y allí estaba yo, después de un año. También lloró. Tengo que decir que aunque nos quiere con locura, no es una persona que dé besos así porque sí. Aquel día, me comió a besos. Besos que me llevaron a cuando tenía 5 años y me hacía alitas de pollo, gambas, alcachofas y por supuesto macedonia de frutas.

Todavía no se habían acabado las sorpresas....

¿Queréis saber más?

Siguiente capítulo....

PD: Evitar las despedidas en los aeropuertos, son dramáticas.



Lau. :)