Al norte de Tailandia hay una pequeña ciudad llamada Kanchanaburi. No es muy famosa, aunque se caracteriza por su turismo tailandesa.
Tiene tres principales atractivos: -Las cascadas de Erawan (Dios del agua), un elefante con tres cabezas. -El famoso río Kwai, su puente y su tren -El safari Park. Además he de decir que también está el Templo de los Tigres, pero que debido a su polémica con el cuidado de los tigres y las habladurías de que están dormidos, no fuimos. A todo lo demás si.
Viernes 12 de Octubre (día de la hispanidad en España), a las 9:40 cogíamos el bus hacía Kanchanaburi (2,5€ con aire acondicionado y prácticamente vacío). En dos horas llegamos, teníamos reservado el hotel desde Bangkok, PHONG PHENG GUEST HOUSE, 10€ la noche por persona y un gran acierto, tanto por la cercanía con el centro de la ciudad, como el servicio y la atención, con piscina, restaurante propio y desayuno incluido. Primer acierto del viaje.
Llamé al hotel desde la estación de autobuses y nos vinieron a buscar, totalmente gratis.
En el mismo hotel te preparaban las excursiones y te venían a buscar.
A la 13:30 vino la furgoneta que nos llevaría al Safari Park, 550 bahts la excursión con guía, entrada al parque, foto con los tigres y desplazamientos.
De ahí nos hicimos unas fotos con loros azules muy chulos y al show de los elefantes.

Nos hicimos las respectivas fotos y de ahí a la cosita más linda, pequeña, curiosas, cuqui, entrañable del mes (cariño no te enfades cuando leas esto). Un leopardito de tan solo 4 meses, ahí estaba, con su biberón aguantándoselo el mismo con las patitas delanteras. ¿Os imagináis a mi chico con un bebé leopardito en los brazos? Que guapos!! (Tranquilos adjuntaré foto).

Me sorprendieron mucho para bien, ya me gustaban pero al verlas y tocarlas mucho más. Un 10 para las jirafas! Junto con ellas estaban las cebras y algún avestruz
.
Volvimos al lugar donde estaban los tigres ya para irnos a casa, no sin antes jugar un ratito más con el leopardo bebé, nos empezó a chupar la mano (vaya lengua más rasposa), le chinchábamos en las patitas y hacía el amago de morder, y aunque hasta los ocho meses no les cambian los dientes, son algo puntiagudos.
Fue un día genial, una excursión chulísima y con sensaciones distintas.
Llegamos al hotel a las cinco y media y directos a la piscina de hotel, a pegarnos unos buenos bañitos y algún cóctel cayó, para ir haciendo estómago.
Cenamos en el restaurante del hotel, una gran sorpresa, la comida excelente y a un precio muy barato. Tenían de todo, Pad Tai, arroz con gambas y pollo, tortilla, espaguetis, hamburguesas... Delicioso y muy recomendable.
A diez minutos de hotel había un mercado enorme con unos donuts irresistibles y un millón de puestos con ropa, relojes, gafas... Pasamos un ratito allí y al hotel a descansar.
Al día siguiente madrugamos bastante más, a las siete en pie, como entraba el desayuno en el hotel, aprovechamos para comer un poco y a las cascadas.
El nombre original es Erawan Waterfalls, por el "Diós" Erawan, un elefante de tres cabezas.
Las cascadas tiene siete niveles, desde el primero al último hay 4,5 kilómetros cuesta arriba. Toda una aventura por la montaña. El sacrificio que inviertes, vale la pena al ver las cascadas. La última de todas da nombre al sitio. Se pueden ver tres cascadas enormes bajando con una fuerza y belleza absoluta, de ahí Erawan, representa las tres cabezas del elefante.
Llegamos a las cascadas sobre las nueve de la mañana, y estuvimos hasta la una y media.
Éramos cuatro, ya que vinieron unos amigos, así que empezamos a subir... De los siete niveles te podías bañar en 5. ALUCINANTE! Cada nivel, era más espectacular. Las chicas nos quedamos en el cinco, y mi chico y amigo subieron hasta el siete. Os prometo que las fotos son de película.
A la una y media comimos en la entrada del parque, "typical Thai Food", en un lugar muy bueno y comida local, y aunque después de comer entra un poquito de pereza, nos quedaba mucho por descubrir.
Nos llevaron sobre el Rail de la muerte, construido en 1940 durante la segunda guerra mundial, una estructura pagada con muchas vidas, debido a las condiciones infrahumanas a las que estaban sometidos, y aunque la mayoría de las vías están reforzadas, hay tramos en los que se conservan los primeros. Es increíble como la gente pudo construirlo. Los paisajes son chulísimos.
Justo al lado de la estación del tren, hay una cueva con un budha bañado en oro (como todos), dónde hay una especie de "lata" con muchos palillos numerados. El que visita a Budha, debe coger la lata, agitarla hasta que uno de los palitos caiga con tu número elegido. Después hay un corcho con la explicación correspondiente a cada número. Las cambian mensualmente, ya que el "consejo" sirve para un mes. Muy curioso y místico.
Hicimos un recorrido con el viejo tren y nos fuimos a ver el río Kwai y su famoso puente (famoso porque sale en una película antigua). Se puede contemplar el atardecer, aunque es un sitio turístico. Y está lleno de gente.
Ahí acabo nuestro día lleno de actividades y de sorpresas.
Cenamos en un restaurante enfrente del hotel, con wifi gratis y con mucha variedad de comida, exquisita y demasiado asequible.
Kanchanaburi es un lugar de turismo tailandés que no está masificado por occidentales. Una ciudad pequeña y bastante rural, pero con mucho encanto y muchas cosas para hacer.
Lau.























